En la mayoría de los escenarios de
distribución cinematográfica, una película como Café amargo (Rigoberto Jiménez,
2015) sería lanzada directamente a DVD, sin pasar por las salas.
El filme cubano de reciente estreno nacional es un trabajo bien
discreto, sin alas ni motivos para trascender y mucho menos para aportar no ya
al lenguaje —no le pidamos tanto—, sino ni siquiera a una pantalla nacional
embarazada de intermitencias cualitativas, pasos en falso en la escogencia de
proyectos y filmes recientes rayanos en lo paupérrimo como La ciudad (Tomás
Piard, 2015) y Vuelos prohibidos (Rigoberto López, 2015) o inscritos
en la olvidable medianía, a la manera de La cosa humana (Gerardo
Chijona, 2015).
