Los
cinéfilos de mi generación, la de los ´70, pasamos la mitad de nuestra infancia
y adolescencia viendo películas esteuropeas en las salas de cine; no tanto en
cada uno de los casos por placer, sino porque la programación mensual
incorporaba numerosas producciones de dichas cinematografías. En esa porción
habitual había de todo, en términos de calidad. Películas menores o absurdas,
que tentaban la imaginación a especular porqué fueron rodadas. Pero había
también bastante buen cine. E incluso gran cine.