“La política es la sombra que la gran empresa proyecta sobre
la sociedad” confirmó con razón ese relevante filósofo social estadounidense
llamado John Dewey. La gran empresa empantanó a la economía norteamericana en
2008 y la política del gobierno y de las corporaciones que lo dirigen consistió
en echar a la calle a decenas de miles de trabajadores, con el consiguiente
incremento exponencial del grado de pesimismo en gran parte de dicha sociedad.
Crack solo comparable al de 1929, este trajo consigo el conocido cuadro oneroso
de los bancos hundidos y luego salvados por “San Obama”, hipotecas subprime, casas abandonadas, ciudades
fantasmas, centros comerciales clausurados…
lunes, 11 de abril de 2016
domingo, 10 de abril de 2016
Seguidora de Araya y la denuncia a las miserias de un continente saqueado
Hay una contradicción entre su ecologista nota
introductoria y las parrafadas verdes con que internacionalmente fuera
promocionada esta película, y el real cariz de un discurso que con mucho supera
la cuestión del daño natural producido en la Amazonia por la extracción
aurífera, para enmarcarse, de pleno, en la inveterada tradición regional de un
cine de denuncia (o exposición) de males endógenos, el cual viene haciéndose en
Latinoamérica hace ya más de medio siglo, y que tiene en la Venezuela de las
últimas décadas interesantes expresiones. En Oro diablo, más que entornos o hábitats, guardan preeminencia las
condiciones paupérrimas en que debate su existencia la gente de estos poblados
mineros cercanos a la frontera brasilera,gobernados por padrotes a base de dos
palabras mágicas: pistolas y bolívares. Sitios perdidos en el infierno donde la
miseria de los buscadores de oro raya lo extremo y el hombre está obligado a
descender a simas de humillación para malvivir un presente de esclavitud sin
mañana posible. Fuente germinal de lo peor de la especie: odio, venganza,
avaricia.
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sábado, 9 de abril de 2016
Una cinéfila película cubana
Dispositivo fílmico a loor del
séptimo arte, y de sus amantes, Bailando con Margot (Arturo Santana, 2015) supone la mayúscula
operación de cinefagia suscitada durante los últimos tiempos en la creación
audiovisual de este país. Aunque de una manera que —a ciencia cierta— resulta
ya algo extemporánea, pero no por ello menos rotunda en su concreción,
aclárese, el realizador cubano se monta a lomos de determinada zona del
desmadre posmoderno enfilada a concebir sus registros desde las cartillas
náuticas de las mixturas genéricas o el negociado pragmático con el
palimpsesto: aparato creativo este que -casi que por defecto- no solo trae de
fábrica el consabido acto de pleitesía o admiración rendidas hacia el pasado
artístico; sino además, en ciertos exponentes, una preocupación obsesiva por el
cuidado de las formas y, en otros pocos, de plus, el tan evidente como por
algunos directores elidido axioma de que el cine es (amén del componente
intelectivo y su virtual inmanencia filosófica) ludo, imago, goce, apelación a
los sentidos y respeto a quienes marcaron las señas caligráficas del arte
practicado. Sin que ello entrañe la renuncia por parte del realizador a
estampar su marca de agua.
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viernes, 8 de abril de 2016
Techo y comida: magnífico filme sobre la crisis en España
Corrientes
genéticas subterráneas de neorrealismo italiano y otras no tan subyacentes de
cine social británico alla Loach/Leigh y del formato Guediguian temprano, ya en
Francia, más algo de los belgas Dardenne de Dos
días una noche, La promesa y El niño irrigan el dispositivo
argumental y hasta la puesta en escena de la película española Techo y comida (2015), verista documento
artístico en torno a cómo la crisis económica se cebó con saña y alevosía en los
núcleos hogareños más desfavorecidos del arcoíris social español.
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