En
su guion conjunto para la comedia La cosa
humana (2015), Gerardo Chijona y Francisco García configuran la tipología
de casi todos sus personajes principales (a excepción del escritor encarnado
por Vladimir Cruz y la teniente asumida por Miriel Cejas) en ese territorio
peculiar de la jungla urbana nacional donde ciertos cultos delincuentes parecen
ser descendientes directos, en espíritu, filosofía y arco socio-espacial, de aquellos
sujetos barriales de la sardónica sátira Utopía
(Arturo Infante, 2004) quienes, sentados frente a la mesa de dominó, ron en
mano e improperios en la lengua, discutían sobre la arquitectura barroca y la
posible existencia de un barroco latinoamericano, concepto este defendido por
uno de ellos a genital limpio; o quizá de aquellas mujeres del mismo
cortometraje, idas a los moños en la peluquería debido a sus diferentes puntos
de vista en torno a si La Traviata la compuso Verdi o Puccini y si el
aria de la agonía de Violeta está
escrita en “sol” o “mí”.
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Enrique Almirante. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Carlos Enrique Almirante. Mostrar todas las entradas
sábado, 2 de abril de 2016
sábado, 15 de agosto de 2015
Fátima en premier
Arranca mal Fátima (o
el Parque de la
Fraternidad) (Jorge Perugorría, 2014), cuya premiere
nacional tendrá lugar este 19 de agosto, a las 8 y 30 de la noche, en el
capitalino cine Charles Chaplin. El paisaje inicial del filme remite a la
bastardización de Brokeback Mountain
con una visión en clave de pesadilla de un Carlos Enríquez lisérgico en brindis
contranatura con Servando Cabrera.
El joven homosexual Manolito -Fátima más tarde en su etapa
profesional-, se cepilla casi entera a la comunidad guajira del sexo masculino
en su natal pueblito rural. Los labriegos, no contentos con sus consortes
callosas o las prácticas zoofílicas a algunos de ellos imputadas con o sin
causa, van por el codiciado trasero del jovencito, menos como si fueran a
raptar mulatas que a encontrarse con un dibujo de Pepe el Romano.
viernes, 17 de abril de 2015
Fátima o el Parque de la Fraternidad
Arranca
mal Fátima (o el Parque de la Fraternidad)
(Jorge Perugorría, 2014). El paisaje inicial del filme remite a la
bastardización de Brokeback Mountain
con una visión en clave de pesadilla de un Carlos Enríquez lisérgico en brindis
contranatura con Servando Cabrera. El joven homosexual Manolito, Fátima más
tarde en su etapa profesional, se cepilla casi entera a la comunidad guajira
del sexo masculino en su natal pueblito rural. Los labriegos, no contentos con
sus consortes callosas o las prácticas zoofílicas a algunos de ellos imputadas
con o sin causa, van por el codiciado trasero del jovencito, menos como si
fueran a raptar mulatas que a encontrarse con un dibujo de Pepe el Romano. La
frase sobre la oquedad preferida de los miles de hombres de la vida del
muchacho (a) no es mía, que conste, pues cabalga en alguna verbalización
desafortunada del filme, como lo hace el adolescente con alma de mujer en esa
imagen desesperantemente horrenda -y del todo inverosímil en contexto tal- de
la zona introductoria en la cual monta a caballo, descamisado, junto a ese
nervudo lugareño con pinta de modelo sueco. Parece que Perugorría se creyó que
todavía estaba en Roble de olor (2003), cuando él le hacía el amor
a la morena a lomos del alazán, en aquella escena-pastel que en su momento
impugné con ardor. Subyacente por todo el segmento de inicio acá, dígase, la
tan añeja como rebatible creencia de cierta franja homosexual de que todas las
personas lo son, lo cual ya viene molestando un poco cuando se machaca hasta la
rutina en el “arte”. Freud y Jung pasados por aguas albañales.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


