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sábado, 2 de abril de 2016

Irregular, pero divertida comedia cubana



En su guion conjunto para la comedia La cosa humana (2015), Gerardo Chijona y Francisco García configuran la tipología de casi todos sus personajes principales (a excepción del escritor encarnado por Vladimir Cruz y la teniente asumida por Miriel Cejas) en ese territorio peculiar de la jungla urbana nacional donde ciertos cultos delincuentes parecen ser descendientes directos, en espíritu, filosofía y arco socio-espacial, de aquellos sujetos barriales de la sardónica sátira Utopía (Arturo Infante, 2004) quienes, sentados frente a la mesa de dominó, ron en mano e improperios en la lengua, discutían sobre la arquitectura barroca y la posible existencia de un barroco latinoamericano, concepto este defendido por uno de ellos a genital limpio; o quizá de aquellas mujeres del mismo cortometraje, idas a los moños en la peluquería debido a sus diferentes puntos de vista en torno a si La Traviata la compuso Verdi o Puccini y si el aria de la agonía de Violeta está escrita en “sol” o “mí”.

sábado, 15 de agosto de 2015

Fátima en premier



Arranca mal Fátima (o el Parque de la Fraternidad) (Jorge Perugorría, 2014), cuya premiere nacional tendrá lugar este 19 de agosto, a las 8 y 30 de la noche, en el capitalino cine Charles Chaplin. El paisaje inicial del filme remite a la bastardización de Brokeback Mountain con una visión en clave de pesadilla de un Carlos Enríquez lisérgico en brindis contranatura con Servando Cabrera.
El joven homosexual Manolito -Fátima más tarde en su etapa profesional-, se cepilla casi entera a la comunidad guajira del sexo masculino en su natal pueblito rural. Los labriegos, no contentos con sus consortes callosas o las prácticas zoofílicas a algunos de ellos imputadas con o sin causa, van por el codiciado trasero del jovencito, menos como si fueran a raptar mulatas que a encontrarse con un dibujo de Pepe el Romano.

viernes, 17 de abril de 2015

Fátima o el Parque de la Fraternidad



Arranca mal Fátima (o el Parque de la Fraternidad) (Jorge Perugorría, 2014). El paisaje inicial del filme remite a la bastardización de Brokeback Mountain con una visión en clave de pesadilla de un Carlos Enríquez lisérgico en brindis contranatura con Servando Cabrera. El joven homosexual Manolito, Fátima más tarde en su etapa profesional, se cepilla casi entera a la comunidad guajira del sexo masculino en su natal pueblito rural. Los labriegos, no contentos con sus consortes callosas o las prácticas zoofílicas a algunos de ellos imputadas con o sin causa, van por el codiciado trasero del jovencito, menos como si fueran a raptar mulatas que a encontrarse con un dibujo de Pepe el Romano. La frase sobre la oquedad preferida de los miles de hombres de la vida del muchacho (a) no es mía, que conste, pues cabalga en alguna verbalización desafortunada del filme, como lo hace el adolescente con alma de mujer en esa imagen desesperantemente horrenda -y del todo inverosímil en contexto tal- de la zona introductoria en la cual monta a caballo, descamisado, junto a ese nervudo lugareño con pinta de modelo sueco. Parece que Perugorría se creyó que todavía estaba en Roble de olor (2003), cuando él le hacía el amor a la morena a lomos del alazán, en aquella escena-pastel que en su momento impugné con ardor. Subyacente por todo el segmento de inicio acá, dígase, la tan añeja como rebatible creencia de cierta franja homosexual de que todas las personas lo son, lo cual ya viene molestando un poco cuando se machaca hasta la rutina en el “arte”. Freud y Jung pasados por aguas albañales.
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