A excepción de Los
imperdonables, Un mundo perfecto o Los puentes de Madison -y
probablemente también Cazador blanco, corazón negro, irregular pero
magnética- no existían hasta el momento, a mi modo de ver, otros filmes de
verdadero calibre dentro de la abultada obra como realizador de Clint Eastwood
(29 títulos), avaladores de esa avalancha de elogios que casi sin distinción se
le prodiga a su trabajo, no solo en los Estados Unidos sino también en Europa.
Siempre he considerado al creador de Medianoche en el jardín del Bien y el
Mal solamente un gran director ocasional, mas una de esas grandes ocasiones
es la rotunda Mystic River (2003).
