“Aquí todo está destruido, no solo las casas. Los buenos
saludan a los malos, los santos creen al diablo…”. Así dice Malika, la anciana chechena
vendedora del mercado local, al conversar con Alexandra, su coetánea rusa y
personaje central del filme homónimo del maestro Alexander Sokurov. El diálogo
entre el par de viejecitas, quienes trabarán amistad, tiene lugar cuando la segunda
se toma un aire durante su visita al campamento militar del nieto -capitán
destacado en la región por orden de Moscú-, y pasea por los tenderetes de venta
de un poblado semiderruído, y luego por el hogar de la recién conocida. Escenas
registradas todas en tonalidades sepias/ocres, pues no hay precisamente
policromía, ni exceso de luces o alegrías para retratar aquí.