El estreno cubano es exhibido en todo el país ahora
La película de Ana (Daniel Díaz Torres, 2012) bien pudiera haberse titulado La película de muchos, en tanto engloba en su relato la -a su disgusto- inmarcesible dicotomía de tantos conacionales entre querer y no poder; porque ensarta en su flechazo discursivo la disyuntiva de miles de compatriotas entre ser fieles a preceptos morales y estar obligados a burlarlos por circunstancias económicas que los superan. Es muy triste ello: sucumbir al reinado tácito de la concesión. De tal que, aunque a la larga sea una comedia dramática, o dramedia según el término estadounidense, el filme resulte uno de los más desconsoladores de una pantalla nacional reciente donde si algo no abunda es la alharaca entusiasta o el jolgorio (Camionero, Melaza, Penumbras, Marta, Alumbrones, La anunciación, Casa vieja, Fábula, Chamaco, La guarida del topo, Verde verde, Larga distancia…), para dejarlo solo en la ficción, porque en la parcela documental resulta tanto o mucho más lancinante el reflejo.
