El escaso cine cubano de ficción cuyos personajes centrales son ancianos posee particular encanto, desprendido de la empatía generada entre el espectador y seres quienes -en la última vuelta a la carrera del ocaso- intentan aferrarse a un algo, un qué o un quién. Con ello están dejando por sentada, para sus interlocutores silenciosos de la sala, la parábola misma de la existencia, consistente en asirnos a mecanismos de estímulo en tanto resortes vitales o sistemas de propulsión de las emociones, tan requeridas por nosotros los humanos. Se asía a dicho mecanismo Consuelito Vidal en esa aun no reconocida obra maestra llamada Reina y Rey; Verónica Lynn en el todavía poco difundido cortometraje Martha; o la preterida esposa del magnífico dibujo animado Veinte años, con mucho menos fortuna que las anteriores en su caso. Se asen los personajes compuestos por Reynaldo Miravalles y Enrique Molina en el estreno nacional: Esther en alguna parte.
