Maher Arar fue un canadiense
secuestrado por la Agencia Central
de Inteligencia de los Estados Unidos hace seis años, a quien solo liberaron
cuando ya no les quedaba más remedio, un año después, sin haber conseguido
extraerle información fidedigna alguna que pudiera servir a la “batalla” de
Washington contra el terrorismo, habida cuenta la inocencia del hombre acusado
injustamente de pertenecer a Al Qaeda. Al salir del entuerto, ya nuevamente en Canadá,
el primer ministro le pidió perdón, lo indemnizaron con 10 mil dólares y asunto
resuelto. Es el modo de obrar entronizado.
