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lunes, 15 de junio de 2015

Venecia sin mí


Si no fuese la frase más imbécilmente cursi de la galaxia, debería decírsele a Enrique Álvarez: “gracias por existir” (en el cine cubano). No se trata de un gran cineasta, tampoco es la suya una obra que, desde mi personal manera de entender este arte, encontrará trascendencia en la historia de la pantalla; sin embargo, el hombre encontró perspectivas expresivas que -al menos- lo singularizan dentro de un cosmos semimesmerizado (si nos olvidamos de la narrativa audiovisual joven, tan imperfecta aunque muy diversa en lo estilístico-conceptual) y, por consiguiente, aportan pluralidad estética, discursiva y argumental a la pantalla nacional, requerida de ello desde hace mucho tiempo.

lunes, 24 de octubre de 2011

Marina: endechas junto al mar

Mediante Marina (Kiki Álvarez, 2011) reaparece en la pantalla cubana el tema del retorno, tras observarlo la cercana Casa vieja (Lester Hamlet, 2010). Asunto inmortal este del arte dramático, la vuelta a casa del hijo pródigo o defectuoso -más le vale tal al cine y la literatura, sobre todo los más recientes-, tiene en el nuevo estreno nacional un abordaje honesto, profundo y conmovedor dentro de un relato que parte de dicha premisa narrativa para, sobre todo, dialogar en torno a la soledad, el dolor, el amor en tanto polea regeneradora y el apego a las raíces, entre otros motivos comunicantes.
Película nada más en apariencia sencilla, los diálogos y soluciones dramáticos de la última obra del autor de La ola (1995) y Miradas (2001) solo pueden construirse a partir de un conocimiento mayor de los resortes activos u ocultos incidentes en el comportamiento, las acciones de la especie.
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