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lunes, 15 de junio de 2015

Venecia sin mí


Si no fuese la frase más imbécilmente cursi de la galaxia, debería decírsele a Enrique Álvarez: “gracias por existir” (en el cine cubano). No se trata de un gran cineasta, tampoco es la suya una obra que, desde mi personal manera de entender este arte, encontrará trascendencia en la historia de la pantalla; sin embargo, el hombre encontró perspectivas expresivas que -al menos- lo singularizan dentro de un cosmos semimesmerizado (si nos olvidamos de la narrativa audiovisual joven, tan imperfecta aunque muy diversa en lo estilístico-conceptual) y, por consiguiente, aportan pluralidad estética, discursiva y argumental a la pantalla nacional, requerida de ello desde hace mucho tiempo.

viernes, 31 de octubre de 2014

Rosalba busca tulipanes en Venecia


Rosalba es una ama de casa italiana en eventual plan de turista interior, que en un santiamén del azar pierde en Roma el ómnibus que la conduciría de vuelta a Pescara. Tal situación introductoria determinará el giro evolutivo absoluto del personaje y el camino dramático a seguir por Pan y tulipanes (Pane e tulipani), de Silvio Soldini, agasajada película que se metió en el bolso nueve premios David di Donatello (el Oscar de casa). La mujer,  madre de dos hijos varones jóvenes que no parecen interesarse mucho por su existencia, y esposa de un señor que valora  menos su mundo interior que el hecho de ver la camisa estrujada, modificará su punto de vista de la vida en unas, en principio, “vacaciones” en Venecia (pudiera haber sido cualquier ciudad porque ésta es la Venecia más desveneciada de la geografía del cine; pues bien visto, es que nada importaba el escenario como el lugar al que la mandara el guión), al lado de afables héroes cotidianos -un camarero, ese curioso vendedor de flores y la masajista-, que nada o no mucho harán, en palabras, para reconducir los pasos de la recién llegada. Ella sola sopesará lo que tiene y le falta, aspira y quisiera, en pos de procurarle sinceridad al alma y masa a las rendijas de agujereados sentimientos por la inopia afectiva y emotiva de su rutina. Rosalba, cuarentona, presuntamente ya de vueltas de cualquier cuento humano, se afianzará al terreno salvado de su mente para reafirmarse en el sentido que aporta el reventón del capullo de la esperanza.
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