Antes del arribo en masa de los invencibles escritores rusos, por años,
entre mis muchas predilecciones literarias iniciales figuraron Las mil y una noches y el Decamerón. Mientras, al paso de la
infancia, leía los dos últimos (verdaderos relatos-ofrendas al arte de contar;
historias-tributos al poder demiúrgico del narrador), veía cine a mares, con
mucha preferencia, entonces, por las comedias italianas de los ´60, donde por
primera vez nos llegaría la evocación visual de esa conformación biológica
inigualable que es el cuerpo de una mujer, mediante aquellos torsos reales de la Cardinale, la Loren o la Schiaffino. De
dicha cinematografía, más tarde, disfrutaríamos los acercamientos que al mundo
boccacciano estamparan grandes maestros, a la manera de Pier Paolo Pasolini (El Decamerón, 1971) o, con precedencia,
Vittorio de Sica, Federico Fellini, Mario Monicelli y Luchino Visconti (Boccaccio ´70, 1962), dentro del formato
de los -a la sazón allí tan populares- filmes de “sketches” o cuentos.
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domingo, 10 de agosto de 2014
domingo, 20 de julio de 2014
Meñique y el necesario triunfo del Bien
Semanas atrás este
comentarista publicaba una columna alrededor de la significación basal de que
los proyectos audiovisuales cubanos acudiesen con mayor asiduidad y fortuna a
ese inmarcesible venero de la historia y la creación artística que es nuestro
país. Meñique (1864), en propiedad, es de la autoría del francés Edouard
Laboulaye, mas quien lo dio a conocer a decenas de generaciones de compatriotas
fue ese notable hijo de esta patria llamado José Martí. Y el relato aporta
cuanto nos viene haciendo mucha -demasiada- falta a las actuales hornadas de
criollos: virtudes; certezas; orgullo de ser lo que somos; fe en la entereza,
la constancia y el saber como fuentes de triunfo, justo lo contrario de cuanto
ha sucedido en algunos escenarios locales luego del tsunami involutivo del
período especial, cuando escalaron el pícaro y el trepador de la peor laya
sobre las enredaderas para ellos verdísimas de las circunstancias. Lo grave,
con un grado de influencia social de veras nefasto.
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