El advenimiento del período especial conllevó a la baja del 700 por
ciento en la producción de azúcar del país, aparejada la ostensible restricción
al doble mal de una caída de los precios del dulce en el mercado mundial. Era
imposible mantener, al menos con el mismo patrón imperante por décadas, a dicha
industria, considerada uno de los pilares económicos del modelo cubano; además
de representar elemento cultural y cosmosivo de ineluctable vínculo con el ser
nacional o la cubanidad.
