Robert De Niro constituía, hasta hace menos de un cuarto de siglo, uno
de los santos patrones del altar interpretativo en el universo audiovisual
anglosajón. Eran entonces sus tiempos gloriosos con Martín Scorsese y la salida
al ruedo de una serie de caracterizaciones tan inmarchitables como las
películas que arropaban a aquellos personajes fabulosos. Justamente, uno de
esas magnas tipologías fílmicas resultó la compuesta por el actor, a las
órdenes del referido realizador, en Uno de los nuestros, excepcional exponente
del cine gangsteril aparecido en 1990.
