Una idea-columna vertebral
se yergue en la filmografía toda del alemán adoptado por Hollywood, Roland Emmerich:
el ataque a los Estados Unidos (país el cual opera para sí como representación
de civilización, paradigma de cultura, orden cívico sin tacha, encarnación de
acendrados valores morales, faro mundial de democracia…). Ya sean lagartos
gigantes como en Godzilla, fueren los
efectos del clima a la manera de El día
después de mañana, sea el caso de El
día de la independencia: una invasión alienígena a la santa tierra
americana. Con la superproducción Independence Day -quizá la más aparatosa
del mapa de los noventa en el planeta anglosajón-, Roland rubrica el más
escandaloso acto de imposición del mensaje del cine de ciencia ficción desde
los años ´50, cuando el género se subordinó de pleno a Hollywood en la campaña
de Washington versus Moscú durante esa época orgásmica de la Cortina de Humo.
