La paradoja frontal de contar con la infancia más bella, sana y educada del planeta (sí, clávenme puñal por absoluto; mas por ese frente soy chovinista a rajatabla, pues así lo creo) y desposeer un cine de ficción dotado de siquiera mínimos niveles de atención al género infantil se ha ido diluyendo, poco a poquín, al paso de los años, mediante la irrupción de tres películas -a diferencia de otros colegas, no me parece pertenezca a tal franja José Martí, el ojo del canario- como Viva Cuba, Habanastation y la estrenada a nivel nacional Y, sin embargo… (Rudy Mora, 2011).
Las tres obras mencionadas, sea justo reconocerlo al mismo inicio de la reseña, con el espaldarazo en su realización de la compañía infantil La Colmenita: colectivo escénico sin parangón en su tipo a escala local o regional.
