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domingo, 2 de octubre de 2016

El acompañante: Buddy movie tropical en clave de melodrama



Al margen de las calidades específicas de los distintos filmes o hasta de naderías cercanas corte La ciudad, Vuelos prohibidos o Café amargo, el más reciente cine cubano, en sentido general, ofrece cuanto los críticos le recabábamos a gritos años atrás: diversidad temático-estilística, osadía, riesgo. Omega 3, Bailando con Margot, Crepúsculo, Caballos, La obra del siglo, Espejuelos oscuros, Leontina o Santa y Andrés marcan puntos de inflexión en una pantalla nacional que al fin, para alivio artístico, ya no está por la labor de aquellas comedietas populistas causantes de tanto perjuicio estético.

domingo, 24 de abril de 2016

Palmeras en la nieve, arcaico culebrón



Catálogo inacabable de cuanto ya no puede hacerse en el cine, Palmeras en la nieve (Fernando González Molina, 2015) producto cinematográfico rodado mediante el televisivo espaldarazo financiero de Atresmedia, forma parte de una pantalla fosilizada, caduca, de formas expresivas gastadas por el tiempo y una gramática narrativa con sesenta años de retraso.

sábado, 4 de octubre de 2014

Conducta, selección nacional a Oscar y Goya: una visión crítica


NOTA:  Esta reseña fue publicada de forma textual aquí al momento del estreno del filme, y la reproducimos a raíz de la selección del filme como representante nacional para concursar en los premios Goya y Oscar: 
Superior a Pablo e Y sin embargo, algo mejor que Viva Cuba y Habanastation, no mejor que La edad de la peseta, e inferior a José Martí el ojo del canario, nuestras anteriores experiencias fílmicas con niños/adolescentes, Conducta (Ernesto Daranas, 2013) es una construcción cinematográfica amalgamada sobre arcillas e ítems muy caros al santo altar emotivo del espectador, hecho tendente a comprender su amplísimo espectro de anuencias volitivas, más allá de su valía.

domingo, 27 de abril de 2014

Filomena: convencional melodrama de Stephen Frears


Tras tres décadas en el set de filmación, el británico Stephen Frears (1941) ha aprendido mucho del cine, lo bueno y lo malo, y entre esto último sus trampas. El director de la extraordinaria Amistades peligrosas domina el difícil arte de la narración fílmica, pone en su lugar los puntos de la sintaxis cinematográfica, posee un don especial para la dirección de actores, sabe hallar los tonos demandados por algunas películas (La Reina, el ejemplo principal), se “evapora” tras la dirección cuando hace falta en función de convertir su gramática en una suerte de estilo neutro, e incluso en algún caso –derivado en cierto modo de lo anterior- es capaz de disimular el ropaje genérico con astutos movimientos. Dichas trampillas, no importa lo hábilmente que sean desarrolladas por el pillastre, sin embargo son captadas por algunos espectadores; no obstante, la verdad sea dicha, confunden a demasiados. Ha sido el caso de su Filomena (Philomena, 2013), mimada por el público, ovacionada en festivales, nominada a cuatro Oscar y con ríos de tinta a favor, por parte de críticos de diversas filias. Algo más o menos parecido a cuanto sucedió en Cuba hace poco con la sobrevalorada Conducta.

miércoles, 12 de junio de 2013

Inmaduros, típica comedia de "adultolescentes"

Los cuarenta años, o su cercanía, implican, casi siempre, la aplicación de un colirio de tristeza en los ojos con los cuales se mira el pasado. La llegada a la media edad, con su carga de derivaciones inmanentes en cada uno de los planos del individuo (no el menor el psicológico, por supuesto) supone en muchos el recuento automático de los pasajes más perdurables de su vida pretérita, desde el primer día de escuela al beso precursor, el vuelo del nido paterno, aquel gran amor de juventud… En fin, todo eso lindo que jamás volverá y que se vivió en su instante con la suprema intensidad de lo irrepetible, acaso sin saberlo entonces. Suele arredrar el arranque nostálgico las mil inocentadas cometidas, aquellas tontas actitudes, las picardías del niño adolescente, las tropelías del bachillerato. Entonces, la sonrisa benefactora por regla impide que la fuerza de gravedad transporte lágrimas al piso.
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