Género patidifuso que
respondió en alguna medida a las líneas trazadas por el cartabón sociopolítico
peninsular, la comedia cinematográfica española, a través de sus distintas
expresiones artístico/históricas (la españolada blanca franquista y sus
esperpentos finicaudillistas, la de maestros como Berlanga, la del
destape/movida, la ochentera, la del país del euro, la trash y la post 11-M con
los años del paro y el quiebre del contrato social, donde germina la replicante
del modelo televisivo) por regla dependió más que de movimientos o tendencias
creativas grupales, de talentos o artesanos individuales que en franjas
próximas desde Trueba y Colomo, pasando por Gómez Pereira y Martínez-Lázaro u
otros pocos, hasta varios bien nuevos entre los cuales forma fila Daniela
Féjerman se encargaron de impulsarla con menor o mayor suerte. La Féjerman, con experiencia
previa en guiones para cine y televisión, así como en la codirección de par de
filmes (A mi madre le gustan las mujeres; Semen, una historia de amor), se
lanza a su primera realización en solitario a través de 7 minutos (2009), el
cual escribió a cuatro manos con la ex ministra de Cultura hispana, Ángeles
González-Sinde.
Mostrando entradas con la etiqueta Berlanga. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Berlanga. Mostrar todas las entradas
viernes, 27 de junio de 2014
420 segundos definen relaciones imposibles
Etiquetas:
7 minutos,
Berlanga,
Colomo,
comedia española,
Daniela Féjerman,
Gómez Pereira,
Martínez-Lázaro,
Semen,
Trueba,
una historia de amor
martes, 25 de marzo de 2014
La muerte de un burócrata: una comedia excepcional, la burocracia y el marabú
Días antes de suscribir este
texto, quien escribe casi reencarna en Juanchín, el atribulado personaje
central de La muerte de un burócrata (Tomás Gutiérrez Alea, 1966), al tramitar
la, a la larga nunca conseguida, certificación de nacimiento de una persona
fallecida durante los inicios del siglo XX. Poco le faltó para estrangular tras
otro panteón, de documentos esta vez, a uno de los agentes peloteantes del
Registro Civil. Sucede a escala micro y a niveles macro. A inicios de 2010, el
diario Granma publicaba -en portada- extenso titular donde se aseguraba que la
burocracia impedía un mejor desenvolvimiento de la venta de carne de cerdo en La Habana. Otras líneas
de similar cariz, kafkianas, surrealistas, tragicómicas, pletóricas de humor
negro, como los avatares de la sufrida figura protagónica del filme, pueden
apreciarse un día sí y otro también en la prensa cotidiana. Las odiseas
particulares de seres anónimos -pero conformantes en masa del corpus social- en
institutos de la Vivienda,
consultorías y otras dependencias estatales evocan el calvario de aquel sobrino
interpretado por Salvador Wood, quien solo quería enterrar a su tío Paco, pero
ello le costó la cordura en el camino. De modo que, 48 años después, la
película (especialmente recordada a propósito del aniversario 55 del ICAIC)
sigue ahí, viva su alerta, vigente su análisis, diáfana e imperdible su
auscultación al fenómeno que, pese a no ser exclusivamente endógeno, sí prendió
fuerza tal en estas tierras de América que al día de hoy aun no se le encuentra
pasaporte de destierro.
Etiquetas:
Bergman.,
Berlanga,
burocracia,
crítica,
Ferreri,
Hawks,
Keaton,
La muerte del burócrata,
Las doce sillas,
Lloyd,
Los sobrevivientes,
Lubitchs,
Sennet,
Tomás Gutiérrez Alea,
Wilder
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

