Género patidifuso que
respondió en alguna medida a las líneas trazadas por el cartabón sociopolítico
peninsular, la comedia cinematográfica española, a través de sus distintas
expresiones artístico/históricas (la españolada blanca franquista y sus
esperpentos finicaudillistas, la de maestros como Berlanga, la del
destape/movida, la ochentera, la del país del euro, la trash y la post 11-M con
los años del paro y el quiebre del contrato social, donde germina la replicante
del modelo televisivo) por regla dependió más que de movimientos o tendencias
creativas grupales, de talentos o artesanos individuales que en franjas
próximas desde Trueba y Colomo, pasando por Gómez Pereira y Martínez-Lázaro u
otros pocos, hasta varios bien nuevos entre los cuales forma fila Daniela
Féjerman se encargaron de impulsarla con menor o mayor suerte. La Féjerman, con experiencia
previa en guiones para cine y televisión, así como en la codirección de par de
filmes (A mi madre le gustan las mujeres; Semen, una historia de amor), se
lanza a su primera realización en solitario a través de 7 minutos (2009), el
cual escribió a cuatro manos con la ex ministra de Cultura hispana, Ángeles
González-Sinde.
