Muy a tono con
los perfiles urbanos dilectos de un segmento determinante del cine mexicano de
la hipermodernidad, Matando cabos sitúase en los contextos asfálticos de varias
predecesoras famosas o no, pero desde la perspectiva tonal de la comedia negra,
a lo Nicotina, de la cual, si no
émula, al menos se ubica como pariente cercana, tanto en intenciones como en
resultados. Una de las características primas de la comedia negra consiste en
hallar humor en situaciones que en apariencias suscitan todo lo contrario; de
ahí que la búsqueda -y el encuentro- de la comicidad en Matando cabos se sustente en un conjunto de escenas donde predomina
lo macabro, hallándose la hilaridad justamente en su sentido del exceso. A
resultas de que la película pueda parecer ida de rosca, aunque justamente es
tal la cuerda dramática donde quiere moverse el filme a voluntad.
