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domingo, 11 de enero de 2015

Contigo, pan y cebolla: Cremata vuelve a versionar con éxito a Quintero



La especie humana comparte rasgos comunes, de todo tipo, sin importar el lugar donde vivan las personas. No obstante, el carácter nacional de un pueblo la hace distinta, dentro de la igualdad, doquiera. Para entender, y plasmar en líneas/parlamentos/actos, la esencia particular del alma cubana, pocos emprendimientos creativos tan claros, directos, veristas, sabrosos, cautivadores como la obra escénica del dramaturgo Héctor Quintero. Juan Carlos Cremata Malberti, el director de Viva Cuba y otro gran enamorado de su país, lo sabe perfectamente; y es por eso que se propuso el plausible fin de trasladar al cine dos obras cumbres del dramaturgo: El premio flaco y Contigo, pan y cebolla, ambas firmadas en los sesentas tempranos del pasado siglo.

martes, 28 de octubre de 2014

Homenaje fílmico a un hito de la escena cubana


La historia del cine acredita adaptaciones memorables del universo de las tablas; también fiascos inenarrables. Filmar al teatro, causa común de varios realizadores o escuelas fílmicas desde la protohistoria de la pantalla, pasó, sabemos, por aproximaciones varias de una u otra suerte estética, a través de las épocas y diversidades de corrientes y autores, hasta alcanzar una posmodernidad donde mientras un Gibson hamletiano respetaba aun como niño a la profe, a santas alturas decontructivistas, el espíritu trágico shakesperiano sin muchas floritorceduras de camino, en cambio un Luhrman transfiguraba cuanto quería el igual shakesperiano Romeo y Julieta, en aquella contaminada ordalía de pastiche y cruce típica de la era. Ni una ni otra, aclaro, a complacencia de quien escribe. Provista de desigual suerte, la filmografía nacional ha hecho lo suyo en tal campo, aunque no pocos de los grandes clásicos cubanos de la escena permanecen inabordados en su trasunto al celuloide (sin ir más lejos, los Estorino, Piñera, Brenes, Triana, Felipe y Arrufat de la dorada época de los ´60 de forma casi íntegra), de manera que es de agradecer al director Juan Carlos Cremata Malberti su decisión de poner al alcance de todo tipo de públicos -sobre todo las generaciones más nuevas, quizás conocedoras del relumbrón de oídas, no de vista-  a esa extraordinaria pieza del mapa teatral criollo titulada El premio flaco (Héctor Quintero, 1964; también padre en la década de Contigo pan y cebolla, 1962).
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