Con el antecedente del best
seller literario de Sapphire, “Push”, en el cual hunde diente a discreción el libro
cinematográfico de Geoffrey Fletcher, y el respaldo determinante en la televisión
nacional de Oprah Winfrey, fue lanzada al receptor norteamericano -y mundial,
algo después- la película “Preciosa” (“Precious”, 2009), uno de los productos
audiovisuales del cine “indie” o “independiente” más promocionados, abordados e
incomprendidos de los tiempos más recientes. Alrededor de ella se ha escrito, a
favor o en contra, casi tanto como de las igualmente polisémicas, polémicas “Avatar”,
“En tierra hostil”, “Invictus”, “The blind side” o “Up in the air”.
martes, 16 de septiembre de 2014
lunes, 15 de septiembre de 2014
Celebrity: Allen contra los famosos
A pocas yardas de
pisar los setenta al finalizar Celebrity,
de 1998,Woody Allen mantenía la lozanía de un cineasta joven. Aun lo hace en
pleno 2014. Esto, aunque no pase de un lugar común, hay que señalarlo porque
resulta maravillosa la vitalidad que, a la sazón, fluía y refluía, sin
atascarse en canales estancos, en la creación de este sabrosísimo, refocilante
y ponzoñoso realizador neoyorkino (con posterioridad, ya entrado este siglo,
Allen sí caería en una retracción mediante parte de su lamentable “periplo
europeo”). La mayoría de las constantes de su obra están nuevamente en Celebrity, aunque la película, siendo una suma de
pastiches, conceptos inveterados de su filosofía de la vida y subrayados de
obsesiones que lo han marcado desde que le salió el vello público, es
rabiosamente nueva, salidita del celofán porque la historia, más allá de sus
obvios puntos de contactos con anteriores cintas, está provista de la enjundia
y la substancia de un proteico acto de entrega al cine.
sábado, 13 de septiembre de 2014
Personajes, la mejor baza de Amarillo mango
Cláudio
Assis parece asirse a la conclusión spinosiana de “No me río ni lloro ante las
acciones de los hombres, solo aspiro a interpretarlas” al trazar el mapa humano
de su ríspida, lancinante Amarillo mango (Amarelo manga).
Película amarga donde encontrarlas pese al humor que la equilibra, sobresale
ante todo por la configuración que Assis hace sobre la base del guión de Hilton
Lacerda de un entramado vivencial múltiple, en el cual opera a manera de
resorte emotivo individual la obsesión que cada quien abriga, como válvula de
escape al cerco de la letanía de jornadas con sudor a soledad, hastío, mugre e
infelicidad. Assis no juzga ni bendice, se limita a exponer; pero de su
planteamiento se desprende un afán exegético por traducir a partir de su eje de
personajes las lisuras y curvaturas de un modo de vida condicionado por la
miseria.
viernes, 12 de septiembre de 2014
Las horas, de Stephen Daldry: angustia anudada en lazo triangular
Las horas (The Hours) arranca con la
crispante imagen del suicidio de la escritora Virginia Woolf en 1941. Tras
colocarse una piedra en el bolsillo, se hunde en la oscuridad del río Ouse,
cerca de la campiña inglesa; el sitio donde los médicos desde mucho antes le
habían prescrito acudir, para ver si aliviaba la enfermedad mental motivadora
de largos períodos depresivos e inestabilidad emocional. Le hastiaba la vida
suburbana, los doctores, el mundo y ella misma. Solo la existencia de sus
personajes permitíale afrontar su propia subsistencia. Hay una escena de la
película, ubicada en la década del 20, en el proceso de elaboración de su
novela Mrs. Dalloway, que registra este diálogo entre su esposo y ella:
“En tu libro escribes ¿Por qué alguien debe morir?. Es una buena pregunta”.
Virginia le responde en el filme a través de las mismas palabras de la obra
literaria: “Alguien debe morir para que otros aprecien más la vida. Morirá el
poeta, el visionario”. Consecuente consigo, se ofrece en holocausto.
Contribuyendo al hacerlo a desbrozar las yerbas que nublan las certezas y hasta salvar quizá a otros que, como ella
-quisiéranlo o no-, torcieran el sentido del tiempo, al convertir la vida a su
pesar en un desfile martillante, tormentoso e inaguantable de horas, minutos y
segundos.
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