Los mexicanos Guillermo
Arriaga y Alejandro González Iñárritu conformaron uno de los binomios autorales
de mayores aportes al séptimo arte durante la posmodernidad cinematográfica, al
concebir tres extraordinarias películas -el primero en tanto guionista y el
segundo en calidad de director- de suma influencia dentro de las lógicas
narrativas de la ficción fílmica actual como fueron Amores perros, 21 gramos y Babel, las cuales parecieron canalizar
no pocos ecos del espíritu de esta época globalizada, transculturalizadora y
sujeta a claras disolvencias o reconversiones de paradigmas. Marcada a fuego su
morfología en la escritura de la época, a no olvidar la estética de la
fragmentación de aquellos alegóricos relatos cronológicamente desordenados y
tangenciales, blancos de encuentros/desencuentros y mudas espacio-temporales.
Pero en el corazón dramático de este en apariencias inédito estuche formal -si
bien a lo mero mero el par zambuía en su vitaminado pudín estructural desde
armas de Kurosawa hasta Altman y Winchester
73- había, sin excepción, una buena historia para contar, sustratos
argumentales rotundos por arriba de las formas.
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miércoles, 1 de octubre de 2014
lunes, 15 de septiembre de 2014
Celebrity: Allen contra los famosos
A pocas yardas de
pisar los setenta al finalizar Celebrity,
de 1998,Woody Allen mantenía la lozanía de un cineasta joven. Aun lo hace en
pleno 2014. Esto, aunque no pase de un lugar común, hay que señalarlo porque
resulta maravillosa la vitalidad que, a la sazón, fluía y refluía, sin
atascarse en canales estancos, en la creación de este sabrosísimo, refocilante
y ponzoñoso realizador neoyorkino (con posterioridad, ya entrado este siglo,
Allen sí caería en una retracción mediante parte de su lamentable “periplo
europeo”). La mayoría de las constantes de su obra están nuevamente en Celebrity, aunque la película, siendo una suma de
pastiches, conceptos inveterados de su filosofía de la vida y subrayados de
obsesiones que lo han marcado desde que le salió el vello público, es
rabiosamente nueva, salidita del celofán porque la historia, más allá de sus
obvios puntos de contactos con anteriores cintas, está provista de la enjundia
y la substancia de un proteico acto de entrega al cine.
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