martes, 20 de junio de 2017

Añoranza por Consuelito


Distinta a otras profesiones en posición de dominarse merced a herramientas educativas, la conducción televisiva demanda de un componente natural, de cierta garra intrínseca, condicionantes genéticas, don de gentes (llámese como se le quiera a ese misterio inefable de poder domeñar y hacerse amar por el público) imposible de adquirirse -del todo- merced al aprendizaje lectivo o de la cultura individual del individuo.

jueves, 15 de junio de 2017

La más lancinante “mutación” reguetonera



Entre mis temores de cara al mañana tengo uno que, pienso, lo compartan muchos padres con hijas hembras, niñas o adolescentes:  ¿cómo será el trato que le dispensen en su trayectoria romántica futura, si entre otros tipos de proyectos de vida a las cuales se les está invitando hoy -tanto a ellas como a esos quienes deben convertirse en sus respectivas parejas-, es a una falsa “liberalización moral” absoluta que nada de libre tiene sino de mentirosamente atada a premeditados cálculos de individualización y enajenación de un individuo nihilista, el cual solo halle por la vía del (desconflictualizado, apolítico, endorfínico, polierógeno) hedonismo -al corte de los diez minutos habaneros de Rápido y furioso 8-, la recompensa a todos sus “esfuerzos”.

lunes, 12 de junio de 2017

Un Che próximo, lejano a la estatuaria o la hagiografía



Desde que el entonces muy joven realizador Steven Soderbergh (Atlanta, 1963), se lanzara en paracaídas sobre la alfombra roja de Cannes en 1989, cuando ganó la Palma de Oro con la inquietante producción independiente Sexo, mentiras y cintas de video, su filmografía ha estado marcada por la alternancia de obras personales, de sesgo autoral y resultados artísticos divergentes, e insertadas dentro o fuera del corazón de la industria (Traffic, Full Frontal, Out of Sight, Solaris) con un cine comercial provisto de regular o peor factura (la trilogía Ocean’s y Erin Brockovich ilustran cada caso).

viernes, 9 de junio de 2017

La otra guerra: honesta y eficaz serie histórica



Bricolaje —algo inusual para su época— de cine histórico, épico, político, bélico docufictivo de estructura narrativa tendente a la fragmentación, El hombre de Maisinicú (Manuel Pérez, 1973) no era otra película más sobre un pasaje concreto del decurso de una nación. Obra que, desde la instancia de un ser humano, reflejaba la grandeza de una causa colectiva y cuya vigencia ideológica, hemos de creer, permanecerá para siempre por encima de las latitudes generacionales de los distintos receptores, constituiría —también— pieza que, en virtud de su solidez artística, no solo trascendió en su momento; sino además continúa siendo, al día de hoy, de referencia en el panteón audiovisual patrio relativo al tema histórico.
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