Lo de Álex de la Iglesia siempre fue eso: plantarle un trancazo en la mollera
a la convención. Tal ha sido su inveterada estrategia, desde los tiempos
nauseabundos de Perdita Durango, pasando por la gozable El día de la bestia,
esa rica gamberrada de La comunidad, el marmitako-western 800 balas y el
desmadre de Crimen ferpecto, siempre antes de llegar a su cerebral ejercicio de
género Los crímenes de Oxford (2008). En su inopinado
desplazamiento hacia comarcas del suspense clásico, el bilbaíno y su
coguionista eterno Jorge Guerricaechevarría parten de la novela del argentino
Guillermo Martínez para componer una pieza cuya solvencia narrativa, cuidado en
el cuerpo de diálogos y capacidad visual no la eximen de ser la mixtura en
versión cine globalizado (esto es, las coproducciones llenas de estrellas y
técnicos de aquí y allá) de un típico whodunit americano embadurnado con un
poco de la duda ancestral de Wittgenstein sobre la verdad (“?Podemos llegar a
conocerla realmente alguna vez¿”) y lucubraciones matemáticas (la tan famosa
como llevada y traída sucesión numérica de Fibonacci).
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jueves, 6 de noviembre de 2014
lunes, 13 de octubre de 2014
Fenómenos en el edificio
Los tipos extraños,
perdedores, outsiders o freaks son los bichos raros predilectos
por Álex de la Iglesia,
desde que el cine le abrió espacio a este maldito gordo español en 1992 a través de Acción
mutante. De allá a acá han mediado muchas películas, casi todas osadísimas,
donde reina esta escoria parida menos por una combinación social de exclusión y
maltusianismo que por otra personal de desprecio e indiferencia ante el mundo
de tales seres. O sea, que no puede hablarse en ellos propiamente de rechazo
hacia sí, porque media el elemento de “no quiero integrarme a” que de su núcleo
parte. Son lo que son, a la larga, más a causa de su mala leche congénita que a
las razones de siempre cuando otros autores hablan de estos mismos tipos. Pero
a Álex no le va ni la sociología ni la psiquiatría, mucho menos los códigos de
lo políticamente correcto. Quizá sea lo que le tiente explorar el perfil
siniestro de la especie.
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