Lo de Álex de la Iglesia siempre fue eso: plantarle un trancazo en la mollera
a la convención. Tal ha sido su inveterada estrategia, desde los tiempos
nauseabundos de Perdita Durango, pasando por la gozable El día de la bestia,
esa rica gamberrada de La comunidad, el marmitako-western 800 balas y el
desmadre de Crimen ferpecto, siempre antes de llegar a su cerebral ejercicio de
género Los crímenes de Oxford (2008). En su inopinado
desplazamiento hacia comarcas del suspense clásico, el bilbaíno y su
coguionista eterno Jorge Guerricaechevarría parten de la novela del argentino
Guillermo Martínez para componer una pieza cuya solvencia narrativa, cuidado en
el cuerpo de diálogos y capacidad visual no la eximen de ser la mixtura en
versión cine globalizado (esto es, las coproducciones llenas de estrellas y
técnicos de aquí y allá) de un típico whodunit americano embadurnado con un
poco de la duda ancestral de Wittgenstein sobre la verdad (“?Podemos llegar a
conocerla realmente alguna vez¿”) y lucubraciones matemáticas (la tan famosa
como llevada y traída sucesión numérica de Fibonacci).
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jueves, 6 de noviembre de 2014
sábado, 15 de junio de 2013
No es Alien, es Prometeo
Hace 34 años Ridley Scott (South Shields, 1937) ofrendó al patrimonio
fílmico mundial la obra maestra del cine de ciencia-ficción de terror más
impresionante y aportadora de la historia del celuloide. Alien, el octavo
pasajero no tuvo comparación con nada conocido. Terror en el espacio (Mario
Baba, 1965) solo constituiría para el autor de Blade Runner quizá semilla
inspirativa y La cosa (John Carpenter, 1982), pese a su rango, contenía
inocultables rasgos hereditarios de esa pieza de marras portadora de una
alquimia dramatúrgica fraguada del enyunte entre un feraz pie imaginativo que
(re) dibujaba con nuevos cinceles en el espacio sideral el subgénero de “casa
encantada de donde nadie puede escapar al poder de una entidad malévola”, con
el aprovechamiento diegético de cada minuto del tiempo y de cada fragmento del
espacio físico para generar suspense, horror, amenaza, claustrofobia,
insospechados twits o giros de timón y cliffhangers o puntos climáticos
tensionales de antología.
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