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viernes, 19 de diciembre de 2014

El corazón del guerrero


Lúcido ex crítico de cine, Daniel Monzón (Celda 211) se abrió paso en la realización, como lo hiciera su colega Molina Foix el mismo año, a través de El corazón del guerrero (1999), una película que ante todo, precisa verse como un guignol nostálgico de las obsesiones infanto-adolescentes de gente que como su director y todo un grupo de personas que se halla detrás del filme, forjaron sus personales planetas creativos al calor de la hoguera de esa imaginería alimentada por las historias medievales recreadas en libros, cómics y juegos; el cine de hadas; las películas de bellas y guerreros...

jueves, 6 de noviembre de 2014

El crimen de Álex


Lo de Álex de la Iglesia siempre fue eso: plantarle un trancazo en la mollera a la convención. Tal ha sido su inveterada estrategia, desde los tiempos nauseabundos de Perdita Durango, pasando por la gozable El día de la bestia, esa rica gamberrada de La comunidad, el marmitako-western 800 balas y el desmadre de Crimen ferpecto, siempre antes de llegar a su cerebral ejercicio de género Los crímenes de Oxford (2008). En su inopinado desplazamiento hacia comarcas del suspense clásico, el bilbaíno y su coguionista eterno Jorge Guerricaechevarría parten de la novela del argentino Guillermo Martínez para componer una pieza cuya solvencia narrativa, cuidado en el cuerpo de diálogos y capacidad visual no la eximen de ser la mixtura en versión cine globalizado (esto es, las coproducciones llenas de estrellas y técnicos de aquí y allá) de un típico whodunit americano embadurnado con un poco de la duda ancestral de Wittgenstein sobre la verdad (“?Podemos llegar a conocerla realmente alguna vez¿”) y lucubraciones matemáticas (la tan famosa como llevada y traída sucesión numérica de Fibonacci).

lunes, 13 de octubre de 2014

Fenómenos en el edificio


Los tipos extraños, perdedores, outsiders o freaks son los bichos raros predilectos por Álex de la Iglesia, desde que el cine le abrió espacio a este maldito gordo español en 1992 a través de Acción mutante. De allá a acá han mediado muchas películas, casi todas osadísimas, donde reina esta escoria parida menos por una combinación social de exclusión y maltusianismo que por otra personal de desprecio e indiferencia ante el mundo de tales seres. O sea, que no puede hablarse en ellos propiamente de rechazo hacia sí, porque media el elemento de “no quiero integrarme a” que de su núcleo parte. Son lo que son, a la larga, más a causa de su mala leche congénita que a las razones de siempre cuando otros autores hablan de estos mismos tipos. Pero a Álex no le va ni la sociología ni la psiquiatría, mucho menos los códigos de lo políticamente correcto. Quizá sea lo que le tiente explorar el perfil siniestro de la especie.
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