miércoles, 17 de enero de 2018

Abril despedazado: notable adaptación de Salles a novela de Kadaré


Un bandazo certero en los modos de obrar y pensar definen la conversión meliorativa del protagonista de la película del director brasilero Walter Salles, Abril despedazado (2001, también conocida como Detrás del Sol), quien se encuentra a sí mismo cuando renuncia a lo que quisieron que fuera.


Salles, Sergio Machado y Karim Aïnouz trasuntan a la pantalla, en guion preciso y precioso, la novela homónima de 1978 del escritor albanés Ismail Kadaré, recontextualizando la historia madre del europeo en la cinematográfica y literaria zona del nordeste de Brasil de inicios del siglo XX. Época de pobreza y desolación; tiempo de sangre, ignorancia, rito y violencia.

Dos familias en pugna: una rica, la otra pobre. Pelean por la tierra, mas lo único que consiguen es teñirla de sangre con los miembros alternos de cada lado que cobra esa ciénaga trágica en la cual los hunde la cerrazón y la soberbia.

En este contexto de muerto por muerto crece Toño, la hueste de turno de la familia pobre, quien debe vengar el crimen de su hermano mayor. La tradición le impone cumplir el encargo del padre, pese a que el personaje da indicios de dudas y le asaltan porqués.

Luego, entran en esta historia de reminiscencias helénicas y sino trágico sucesos y componentes emotivos definitorios que inducen al muchacho a interrumpir el -hasta ese momento inextricable- ciclo de muerte.

Se produce ahora la rebelión ante los designios de la figura paterna. Que en la dimensión simbólica del filme deviene una representación alegórica del estado impositor, del ancestral, arbitrario e ineluctable sistema de reglas de las tiranías. En el hijo -la voz y el cuerpo figurado del ente en oposición-, se focaliza el rechazo a lo arcaico, lo contranatural, el yugo.

Además de potente artefacto narrativo, la película del realizador sudamericano Walter Salles (Estación central de Brasil, Diarios de motocicleta) es una sinfonía formal donde entona cada tiro de la cámara, cada silencio del sonido, cada rasgadura de la banda sonora… en la urdimbre de placitud espiritual que, vaya paradoja, trenzan las trizas de este abril en pedazos.

Por razones que escapan al discernimiento del comentarista, el filme de Salles no suele formar parte de listas, selecciones ni apenas meros recordatorios a la hora de hablar de lo mejor del cine latinoamericano del siglo en curso. Otra injusticia más que me compulsa a ir por libre en esto de las estimaciones, a olvidarme de las valoraciones previas, de los encandilamientos, espejismos colectivos, premios y todo eso cuanto sirve para engordar egos, pero que a la larga no define la trascendencia artística de cara a la historia.

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