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lunes, 25 de mayo de 2015

El paroxismo del pornopop



En el principio todo fue una vagina. El pintor francés Gustave Courbet veneró su instancia propulsora, potencialidad creadora, intrínseco misterio e imantación sexual absoluta en el celebérrimo cuadro El origen del mundo (1866) que tanto interés despertaba a Lacan. La raza humana depende de esa caverna, nada y en mucho platónica, motivadora de variopintos volúmenes suscritos por Catherine Blackledge (Historia de la vagina); Mithu Sanyal (Vulva, la revelación del sexo invisible), Naomi Wolf (Vagina) u otros autores. Aunque su empleo en tanto fuente de placer sexual, sabemos, es menos lejana en la historia que la anal, ya utilizada con fervor desde los tiempos de la horda, de los conquistadores del fuego. El realizador Jean-Jacques Annaud lo ilustraría bien en pedagógica secuencia del filme homónimo estrenado hace 33 años, útil para quienes no les haga gracia indagar en la protohistoria del asunto por conducto de los dos últimos tomos de la Historia de la Sexualidad, de Michel Foucault, o El erotismo y Las lágrimas de Eros, de Georges Bataille.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Complicaciones erosentimentales en el D.F


Sólo con tu pareja, aquella estimable opera prima de Alfonso Cuarón, plantó en 1991 el pie fundacional de esas historias eroconflictuales que en la pantalla mexicana de los noventas tuvieron en la vertiente de comedia urbana de problemas de pareja su expresión más adulta en Cilantro y perejil  (1996), del realizador Rafael Montero, y Sexo, pudor y lágrimas (1999), dirigida por Antonio Serrano. Cilantro... reflexiona sobre la ruptura matrimonial, la soledad y la búsqueda de la media naranja y la felicidad. Lo hace desde una perspectiva que aunque se enclave en los promontorios del humor para nada pierde seriedad en el abordaje del fenómeno. La película está bien planteada ya  a nivel de guión y su amago de estructura de cine dentro del cine (la hermana de la protagonista hace su documental a partir de lo que va pasando en la película) no obstaculiza las posibilidades de recepción de amplias capas del público. Existe, empero, un elemento utilizado por las guionistas Carolina Rivera y Cecilia Pérez Grovas a manera de cortinilla verbal al cual se apela en exceso y deviene valladar en la fluidez narrativa: la no muy mesurada presencia de ese psicólogo -magnífica, no obstante, su encarnación- que funciona como sujeto de reflexión de las contingencias de las relaciones amorosas en un superestresado  México de capitales golondrinas en fuga, TLC, expansión demográfica y acentuados conflictos políticos internos. Demián Bechir, aquí en su filme-despegue, y Arcelia Ramírez, el binomio actoral centro de la cinta, está sencillamente fabuloso. Ambos, de una manera muy orgánica, despedazan con mero sabor mexicano los diálogos que se les asignan, apoyándose en un muy digno de ponderar trabajo faciogestual, sin sobredosis de mohínes y otros aberraciones histriónicas delatantes de la sobreactuación. Es ésta una acertada comedia reflexiva que de sabia manera incide en los puntos neurálgicos de las relaciones de pareja en la actualidad, que por el carácter de éstos y el tratamiento dado en la película, coinciden perfectamente con los comunes a otros pueblos y culturas.
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