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domingo, 20 de julio de 2014

Meñique y el necesario triunfo del Bien


Semanas atrás este comentarista publicaba una columna alrededor de la significación basal de que los proyectos audiovisuales cubanos acudiesen con mayor asiduidad y fortuna a ese inmarcesible venero de la historia y la creación artística que es nuestro país. Meñique (1864), en propiedad, es de la autoría del francés Edouard Laboulaye, mas quien lo dio a conocer a decenas de generaciones de compatriotas fue ese notable hijo de esta patria llamado José Martí. Y el relato aporta cuanto nos viene haciendo mucha -demasiada- falta a las actuales hornadas de criollos: virtudes; certezas; orgullo de ser lo que somos; fe en la entereza, la constancia y el saber como fuentes de triunfo, justo lo contrario de cuanto ha sucedido en algunos escenarios locales luego del tsunami involutivo del período especial, cuando escalaron el pícaro y el trepador de la peor laya sobre las enredaderas para ellos verdísimas de las circunstancias. Lo grave, con un grado de influencia social de veras nefasto.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Zambezia, ambivalente animación sudafricana


Como es conocido, la animación mundial posee dos grandes polos de atención cualitativa: los estudios Ghibli en Japón, con las maravillosas criaturas de ese genio viviente llamado Hayao Miyazaki y demás cineastas; y Pixar, en los Estados Unidos: artífice de clásicos modernos del género a la manera de Juguetes, Wall. E y Up. No obstante, la verdad sea dicha, las últimas muestras de Pixar marcan franco declive.

viernes, 21 de junio de 2013

Veinte años, excepcional película cubana de animación


El joven cineasta cubano Bárbaro Joel Ortiz es un todoterreno sobre el set de filmación, quien prácticamente interviene en cada uno de los procesos (dirección, animación, iluminación, fotografía…) de su película Veinte años, corto de los Estudios de Animación del ICAIC, a reponerse en el verano, rodado mediante la -tan veteranísima como intermitentemente usada en el planeta- técnica de stop motion. Tan añeja que ya hace un siglo los rusos la usaban, y luego fueron centenares los exponentes, de notar o no, fraguados a lo largo de la historia del séptimo arte (y la televisión) con el empleo de dicha vía, en cuya etapa más cercana merecen citarse algunos trabajos del director norteamericano Tim Burton (La novia cadáver, verbigracia) y, fundamentalmente, la labor promovida por el sello británico Aardman e interesantes proposiciones contemporáneas de la animación a la manera de Pollitos a la fuga o Wallace y Gromit emergidas de dicha escuela inglesa.
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